lunes, 14 de febrero de 2011

El mercado emocional de primera mano se agota. Se acaba. Se extingue. Es un hecho. A estas alturas de la soledad, todos recurrimos a la segunda mano, repleta de corazones usados, maltratados, agrietados, a reformar, y eso cuando hay suerte y no están de derribo.

Los habrá que opinen que ya no se construyen relaciones como las de antes, de materiales nobles y duraderos, con inmensos espacios sólo para dos. Pero lo cierto es que jóvenes y no tan jóvenes especulamos hoy con el compromiso, y eso hace que podamos encontrarnos con opciones para todos los gustos, colores y metros cuadrados.

Hay corazones tamaño zulo, ideal parejas, con relaciones minimalistas o de diseño y los hay muy pero que muy generosos, tipo loft, todo en el mismo espacio, normalmente a compartir entre varios inquilinos.

Luego están los que quieren querer en zona tranquila, que suele ser sinónimo de aislada, de difícil acceso y normalmente muy mal comunicada, pero los que llegan a acostumbrarse, aseguran que no la cambiarían por nada del mundo, menos ruido y menos contaminación.

También están los amores pleno centro, siempre a pocos metros de cualquier cosa, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Aquí lo importante está en saber si son exteriores o interiores, porque eso determinará si les entra mucho sol o mucha sombra.

Los corazones ático normalmente tienen buenas vistas, amplios horizontes y grandes terrazas con muchas estrellas, pero en este caso es vital que dispongan de un buen ascensor para poder poner frecuentemente los pies en el suelo.

Y los que están más abajo son más oscuros, dicen que más seguros, aunque claro, con lo que grita el asfalto, es mucho más difícil oír las cosas que nos va contando el cielo, como por ejemplo, si mañana saldrá el sol.

Qué más. Ah, sí. Algunos te los venden con inquilino, lo que pasa es que no te enteras hasta que estás metido hasta las trancas. Otros parece que están muy disponibles, pero es falso, en realidad sólo están esperando a que suba la cotización de su compromiso. Aparte de eso, siempre es bueno fijarse en dos cosas más. Primero, la calefacción, mejor natural, si no quieres congelarte el día que se vaya la electricidad (que se irá, de tanto en tanto te aseguro que se va). Y segundo, si tiene o no trastero, ese espacio donde se almacenan las cosas que parece que ya no importan sólo por el hecho de que no se utilizan.

Por último, mención especial merece la mudanza, ese proceso que, a medida que te haces mayor, cada vez da más pereza, porque siempre acabas perdiendo cosas que sólo echas de menos una vez ya te has mudado.

De todos modos, antes de empezar a mirar te recomiendo primero que decidas si quieres amar de compra o en alquiler. Las dos tienen sus pros y sus contras, no te voy a engañar. Si compras tendrás la falsa ilusión de que ese amor es tuyo y de nadie más, mientras que si alquilas, con la excusa de que no es tuyo, jamás invertirás lo suficiente como para sentirte de verdad en casa.

Da igual. Hagas lo que hagas, ten la seguridad de que se va a cumplir la inefable ley que rige este mercado. Bajará tu interés, seguirá subiendo el precio de todo lo que desees, y cada vez se te hará más familiar esa incómoda sensación.

La de estar hipotecado.

Para siempre.


Corazonarras, por Risto Mejide.

lunes, 7 de febrero de 2011

sábado, 15 de enero de 2011

#3.

Antes, tenía un amigo que era y es un romántico práctico, al que le encantaba el mar. A él le gustaba, pero no le gustaba como a todo el mundo (para bañarse un ratito o para mirarlo durante una puesta del sol con una chica bonita). A Mario le encantaba. Se pasaba horas y horas mirándolo. Cuando los amigos íbamos a la playa, el se bañaba la mayoría del tiempo. Y el que no, paseaba por la orilla contagiándose de el.

Pero a él no le importaba, en ocasiones, estar solo ya que pensaba que es una de las mejores compañías que se podía tener por aquel entonces. Decía, que siempre lo escuchaba y que jamás criticaba lo que le decía. Me acuerdo que, cuándo estábamos saliendo, allá por el 1999, yo llegué a odiarlos. A aquel chico barcelonés y al mar. Yo le decía que eso no era una buena compañía, y que no creía en el nunca y en el siempre. Y a menudo, le repetía aquella frase que leí un día que decía que “Jamás, es como "nunca" pero menos probable. Jamás, es como "siempre" pero más probable.”

Pero de lo que más me acuerdo, es de que cuando lo dejamos, él saco mi foto de carnet que tenía en su cartera de cuero negra, a él le gustaba fanfarronear diciendo que era como la película Azuloroscurocasinegro , la rompió en 6 pedacitos y la tiró a ese mar en el que ya no me he vuelto a bañar.



Colaboración para Manubrio fanzine, mi hijo.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El último testimonio de Unamuno


"Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha."